CAPITULO 4.- El vidrio que se desvaneció
En
cuanto se leyó el segundo capítulo del libro muchos no le entendieron y
comenzaron a hacer bromas tontas por lo que Hermione un poco exasperada se
levantó y golpeo la mesa con su puño para llamar la atención del gran comedor.
–No sean ridículos, estoy segura de que se
trata de magia accidental y que nadie se atreva a contradecirme. Les recuerdo
que quedaron como tontos al no creer en mí en el capítulo pasado cuando dije
que el gato era un animago.-
Nadie
dijo nada. Después de todo tenía razón y dejaron que Flora siguiera con la
lectura.
Habían pasado aproximadamente diez años
desde el día en que los Dursley se despertaron y encontraron a su sobrino en la
puerta de entrada, pero Privet Drive no había cambiado en absoluto. El sol se
elevaba en los mismos jardincitos, iluminaba el número 4 de latón sobre la
puerta de los Dursley y avanzaba en su salón, que era casi exactamente el mismo
que aquél donde el señor Dursley había oído las ominosas noticias sobre las
lechuzas, una noche de hacía diez años. Sólo las fotos de la repisa de la
chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Diez años antes, había
una gran cantidad de retratos de lo que parecía una gran pelota rosada con
gorros de diferentes colores, pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño, y
en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su
primera bicicleta, en un tiovivo en la feria, jugando con su padre en el
ordenador, besado y abrazado por su madre... La habitación no ofrecía señales de
que allí viviera otro niño.
-¿Cómo que no vivía ahí otro niño? Harry ¿qué
está pasando?- Preguntó extrañado Hagrid
desde la mesa de profesores recibiendo asentimientos de cabeza por varios
profesores y alumnos.
-Así es Harry ¿qué significa eso? Suena
realmente extraño- Ron miró a su amigo con curiosidad y preocupación y
Harry lo único que hizo fue esconder su rostro en la mesa y hacer una señal
hacia la hada para que siguiera leyendo.
Por su parte los Dursley se removieron nerviosos e incómodos en sus
asientos, estaban seguros de que lo que le habían hecho al mocoso a nadie le
había gracia y trataría de hechizarlos. Agradecían (por primera vez en su vida
estaban agradecidos con esa anormalidad llamada magia) tener esa esfera de
protección.
Sin embargo, Harry Potter estaba todavía
allí, durmiendo en aquel momento, aunque no por mucho tiempo. Su tía Petunia se
había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día.
—¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora!
Harry se despertó con un sobresalto. Su
tía llamó otra vez a la puerta.
—¡Arriba! —chilló de nuevo. Harry oyó sus
pasos en dirección a la cocina, y después el roce de la sartén contra el fogón.
-Pero ¿qué le pasa a esa mujer? Le diría
que es una bruja, pero nos estaría ofendiendo a nosotras. Es una mujer
irritante- Comentó Ginny y sus hermanos, Harry y Hermione le dieron la razón.
Los Dursley la vieron mal por hablar así de Petunia, nadie tenía derecho
a juzgar lo que habían hecho o cómo lo habían tratado. Ellos no pidieron que
les llevarán al mocoso. Que digan que los recibieron y lo tuvieron viviendo con
ellos a pesar las molestias que ocasionaba.
El niño se dio la vuelta y trató de
recordar el sueño que había tenido. Había sido bonito. Había una moto que
volaba. Tenía la curiosa sensación de que había soñado lo mismo anteriormente.
Su tía volvió a la puerta.
—¿Ya estás levantado? —quiso saber.
—Casi —respondió Harry
—Bueno, date prisa, quiero que vigiles el
beicon. Y no te atrevas a dejar que se queme. Quiero que todo sea perfecto el
día del cumpleaños de Duddy.
-¿QUEEEEÉ?- Gritó Molly Weasley, para ella era inaudito
que a un niño lo pusieran a cocinar ¿qué no sabían lo peligroso que era?
realmente estaba enojada por lo que miro a los tíos de Harry y los apuntó con
su varita.
-Espero que esta sea la primera y última
vez que se lee que ponen a Harry a cuidar a la comida, es un niño ¿qué clase de
personas son?- después de desahogarse y
que su esposo tomara su mano se sentó sin dejar de mirarlos mal.
-Tranquila señora Weasley, a esa edad ya
sabía lo que hacía y para serle sincero cocinar no me desagrada y creo que se
me da muy bien. No es necesario que cada que pase algo no les guste detengamos
la lectura para gritarle a mis familiares, no tiene caso.-
Molly asintió, pero no estaba tranquila, Ron siempre había mostrado
preocupación porque Harry regresará en los veranos a casa de sus tíos. Siempre
creyó que era porque quería pasar todo el verano con su amigo, pero ahora
sospechaba que había una historia desagradable detrás.
En
ese momento recordó cuando sus 3 hijos menores habían agarrado el carro de su
padre disque para ir a rescatar a Harry de sus tíos. Le habían dicho que lo
mataban de hambre y que tenía barrotes en su ventana y en ese momento lo había
creído una exageración, una excusa para salvarse del castigo, pero ahora
comenzaba a creer que era muy cierto y que Harry había sufrido violencia en esa
casa.
Si
la lectura demostraba que Harry había sufrido maltrato ella se encargaría que
esas personas pagaran, ningún niño merecía ser maltratado y menos por su
familia.
Harry gimió.
—¿Qué has dicho? —gritó con ira desde el
otro lado de la puerta.
—Nada, nada...
El cumpleaños de Dudley... ¿cómo había
podido olvidarlo? Harry se levantó lentamente y comenzó a buscar sus
calcetines. Encontró un par debajo de la cama y, después de sacar una araña de
uno, se los puso.
-A..arañas? Harry ¿cómo puedes estar
acostumbrado a esas cosas? Eso no es normal-
Comentó Ron a su amigo asustado. Después de todo él les tenía pavor a
esas cosas peludas con patas largas.
Harry
solo se encogió de hombros y se hundió en su lugar. Sabía lo que venía y
también sabía la reacción que tendría el gran comedor. En ese instante quería
ser tragado por la tierra.
Harry estaba acostumbrado a las arañas,
porque la alacena que había debajo de las escaleras estaba llena de ellas, y
allí era donde dormía.
En
cuanto el párrafo fue leído el caos se abrió paso en el gran comedor. Gritos y
protestas retumbaban por las paredes. Esta vez solo Dumbledore, las hadas y el
trio dorado del futuro permanecieron tranquilos. Los gritos que más se oían
eran los de los Weasley, Padfoot se había levantado en sus cuatro patas y
ladraba y gruñía con furia hacia los Dursley los cuales se encontraban
abrazados y asustados, esperaban que la protección que tenían no se rompiera o
quien sabe que les pasaría.
Las
reacciones más extrañas y que por fortuna de ellos pasaron desapercibidas por
casi todos eran la de dos Slytherin que eran conocidos por odiar a Harry
Potter.
En
cuanto el párrafo había sido terminado de leer Draco sin poder evitarlo se
levantó de su lugar con indignación y maldecía con dirección a los Dursley. Eso
era ridículo. El estúpido, famoso e irritante Potter ¿durmiendo debajo de la
escalera en una alacena? Eso era cruel, odiaba admitirlo, pero eso había sido
cruel para un niño de tan solo 1 año después de todo él estaba acostumbrado a
ser consentido y mimado en su casa y el suponía que los muggles con los que
vivía al saber quién era lo habían tratado como un rey y por ello es por lo que
era un chico presumido y engreído.
-“Sabes muy bien que Potter no es así. Es
un chico amable y nada presuntuoso, es más sabes que odia la fama que lo
sigue”- Su conciencia le respondió
exasperada. Después de todo hasta su mente estaba cansada de decirle que dejara
de poner adjetivos erróneos en Harry solo para poder “odiarlo” sin problemas.
Por su parte los Malfoy veían a su hijo con los ojos abiertos como
platos, sabían que su hijo no toleraba a Potter, ellos mismos no lo toleraban y
ahora menos, cuando la misión de su señor era destruirlo sin embargo no dijeron
nada para no llamar la atención sobre él.
Mientras
en la mesa de profesores Snape había perdido su careta de frialdad y odio hacía
Potter y miraba el libro con incredulidad y odio a la par. Eso debía ser un
error, no era posible que el famoso Harry Potter durmiera bajo una escalera.
Eso era cruel incluso para él.
Sin
darse cuenta de sus acciones también gritaba protestas hacia los Dursley hasta
que se dio cuenta y se sentó nuevamente en su silla un poco sonrojado y
esperando que nadie viera su arrebato.
Sin
embargo, tanto el profesor Dumbledore como el propio Harry se habían dado
cuenta de las acciones de ambos Slytherin. Dumbledore sonreía entre amable y
divertido mientras Harry no salía de su asombro.
Había
esperado esa reacción por todos menos por parte de ellos. Eso sí que lo había
sorprendido.
Cuando
las hadas lograron que guardaran silencio Flora siguió leyendo mientras Harry
se volvía a hundir en su lugar. Odiaba esas reacciones, después de todo ya
había pasado años de eso y el no necesitaba su lastima. Y menos de aquellas
personas que llevaban semanas criticándolo, llamándolo mentiroso y diciendo que
estaba loco.
Cuando estuvo vestido salió al recibidor y
entró en la cocina. La mesa estaba casi cubierta por los regalos de cumpleaños
de Dudley. Parecía que éste había conseguido el ordenador nuevo que quería, por
no mencionar el segundo televisor y la bicicleta de carreras.
-No puedo creerlo. Que coraje, Harry
dormía en una lugar espantoso y ese niño tenía un segundo televisor y todo lo
que quería. Eso sí que es injusto- Se
giró y miró a Harry con una mirada difícil de leer. -Lo bueno es que ahora, con estos libros
estoy segura de que ya no permitirán que regreses a vivir con ellos. Ahora estarás
con personas que te quieren de verdad y por fin podrás ser feliz por completo- Al escucharla Harry le sonrió recibiendo una
radiante sonrisa en respuesta. Estaba tan concentrado en Luna que no fue capaz
de escuchar el gruñido que hizo Ginny al ver que Harry le prestaba atención a su
amiga y no a ella. Eso realmente le molestaba, pero si Harry terminaba gustando
de Luna no es como si pudiera hacer algo por lo que suspiró y se hundió ahora
ella en su lugar mientras la lectura seguía.
La razón exacta por la que Dudley podía
querer una bicicleta era un misterio para Harry, ya que Dudley estaba muy gordo
y aborrecía el ejercicio, excepto si conllevaba pegar a alguien, por supuesto.
El saco de boxeo favorito de Dudley era Harry, pero no podía atraparlo muy a
menudo. Aunque no lo parecía, Harry era muy rápido.
-¿Cómo que te golpeaba?- preguntó totalmente molesta Hermione. Se
levantó de su lugar y se acercó a los Dursley.
-¿Se atrevieron a golpear a Harry? ¿cómo
es que se lo permitieron? ¿qué clase de educación le ha dado a su hijo?- Harry por su lado se le quedó viendo a su
amiga totalmente sorprendido, sabía que tenía un carácter difícil pero jamás
imaginó que enfrentaría a sus tíos de aquella forma. Tío Vernon se levantó y la
fulminó con la mirada.
-Mi hijo es incapaz de golpearlo y si lo
hizo seguramente es porque se lo merecía, mi hijo no es ningún delincuente
además prefiero que sea así a un cobarde y no pienso permitir que una anormal
como tú me falte el respeto ni critique a mi hijo.-
Las
personas alrededor no podían creer que alguien fuera tan inhumano. Cómo era
posible que no le importara que su hijo fuera un bravucón que golpeaba a niños
indefensos.
-Hermione, está bien no pasa nada hace
mucho tiempo que no es capaz de golpearme soy demasiado rápido además recuerda
que lo más seguro es que ya no voy a regresar a vivir con ellos.-
Hermione lo miro preocupada, pero al ver su mirada de ruego regresó a su
lugar y le dio un pequeño abrazo después de todo sabía que eso lo incomodaba.
-Está bien Harry, pero es que es difícil
ver cómo te trataron y que no les importe. Son tu familia después de todo-
-Familia es mucho más que tener el mismo
tipo de sangre, genes o ADN después de todo en Hogwarts he encontrado mi
verdadera familia así que no te preocupes, hace mucho me dejó de importar lo
que ellos pensaran de mí o de mis padres-
Todos
se le quedaron viendo por sus sabias palabras, demostrando su madurez y era una
sorpresa para los adultos que vinieran un chico de tan solo 15 años. Por otra
parte, sus tíos y primo sintieron un pinchazo de remordimiento, pero lo
ignoraron (menos el menor de los Dursley, a cada palabra que leían estaba más
decidido a disculparse con su primo) y todos prestaron nuevamente atención a la
lectura.
Tal vez tenía algo que ver con eso de
vivir en una oscura alacena, pero Harry había sido siempre flaco y muy bajo
para su edad. Además, parecía más pequeño y enjuto de lo que realmente era,
porque toda la ropa que llevaba eran prendas viejas de Dudley, y su primo era
cuatro veces más grande que él.
-Esto es el colmo, ni siquiera fueron
capaces de comprarle ropa nueva. Creo que yo también me uniré a la causa
“asesinemos a los Dursley por ser unos estúpidos”- Comentó la señora Weasley más que molesta y
golpeo la mesa con su puño. Eso sorprendió bastante a sus hijos, esposo y
conocidos ya que normalmente la señora Weasley podía enojarse mucho pero no
usar palabras altisonantes.
Se
sonrojo un poco al darse cuenta de su exabrupto, pero no se arrepintió ni pidió
disculpas, después de todo sabía que Harry no era feliz con esos muggles pero
el leer las atrocidades por las que tuvo que pasar sentía que no había hecho lo
suficiente por su hijo adoptivo, pues así consideraba a Harry, como un hijo.
-Mamá, ¿qué vocabulario es ese?- Le preguntaron sus hijos gemelos en modo de
broma y solo recibieron un coscorrón por parte de su madre.
-Me van respetando mocosos, ahora por
favor que siga la lectura- Hizo una seña
a la hada y Flora siguió con la lectura ignorando la mirada de miedo y furia
que los Dursley le lanzaron a la señora Weasley.
Harry tenía un rostro delgado, rodillas
huesudas, pelo negro y ojos de color verde brillante. Llevaba gafas redondas
siempre pegadas con cinta adhesiva, consecuencia de todas las veces que Dudley
le había pegado en la nariz.
La
mayoría del gran comedor gruñó en dirección de los Dursley los cuales
sabiamente decidieron permanecer en silencio. Después de todo no eran tan
idiotas como para defenderse y a cambio recibir cientos de hechizos a pesar de
estar protegidos
La única cosa que a Harry le gustaba de su
apariencia era aquella pequeña cicatriz en la frente, con la forma de un
relámpago.
-¿Te gustaba? Creía que la odiabas.- Le comentó Neville, un buen amigo de su casa
con el que compartía habitación.
-Ahora la odio, pero antes cuando no sabía
lo que significaba realmente me gustaba-
Se encogió de hombros restándole importancia mientras muchos lo veían
con incredulidad.
-Potter, pero tú… bueno tú sabías que eras
un mago ¿no? ¿Cómo no sabrías cual es el significado de tu cicatriz si sabías
que eras mago?- Sin poder contenerse le
pregunto Malfoy para sorpresa de muchos y del mismo Harry.
Cuando
Harry superó la estupefacción negó con la cabeza levemente. –Yo no sabía que era mago. Yo solo sabía
que era a palabras de mis tíos “una aberración, una atrocidad que no merecía
vivir”-
-¿Qué? ¿QUÉ?- se oyeron gritos por todo el gran comedor
ocasionando que Harry se sorprendiera la indignación que causaron sus palabras.
Quienes
más fuerte gritaban era la señora Weasley, así como la profesora McGonagall. Ambas
se veían con muchas ganas de hechizar a sus tíos, no eran capaces de entender
cómo podían tratar así a un niño.
Por
su lado Padfoot se había acercado al escudo burbuja que protegía a los Dursley
y les ladraba con furia y arañaba aquello que los protegía.
Lupin
temblaba de furia, él había dado por hecho que el profesor Dumbledore mantenía
a Harry vigilado y viviendo bien en cambio ahora se daba cuenta del gran error.
Los Potter se sentían impotentes y maldecían a su supuesto amigo que los
había traicionado y ocasionado con ello que su pequeño hijo hubiera ido a dar a
las garras de la hermana de Lily y su horrible esposo. Era increíble que la
envidia y el coraje que sentía Petunia la hubiera llevado al grado de maltratar
de ese modo a un niño inocente.
Harry al ver el caos que habían ocasionado sus palabras miró a sus
amigos exasperado y muy avergonzado. Aunque también se encontraba molesto, le
parecía hipócrita que ahora todos se levantaran y lo defendieran cuando hace un
par de horas todo mundo lo señalaba, criticaba y juzgaba.
Se
levantó llamando la atención de todos a lanzar chispas rojas con su varita.
-Agradezco su preocupación, debo admitir
que me sorprendió mucho ya que hace pocas horas la mayoría de ustedes me
tachaban de loco, mentiroso y quién sabe qué tanto más. No es necesario que
hagan tal alboroto cada vez que salga algo desagradable con mis tíos, pasó hace
mucho tiempo y ya ni siquiera importa así que vamos a seguir con la lectura.-
Avergonzados
todos se fueron callando y regresando a sus lugares, después de todo Harry
tenía razón. Cuando por fin todos estuvieron calmados y en su lugar Flora pudo
seguir con la lectura.
La tenía desde que podía acordarse, y lo
primero que recordaba haber preguntado a su tía Petunia era cómo se la había
hecho.
—En el accidente de coche donde tus padres
murieron —había dicho—. Y no hagas preguntas.
«No hagas preguntas»: ésa era la primera
regla que se debía observar si se quería vivir una vida tranquila con los
Dursley.
-¿No hacer preguntas? ¿Cómo es posible que
no le permitieran hacer preguntas? Eso es lo básico para que un pequeño crezca
sin miedo a expresar sus dudas, además de que un niño necesita respuestas para
su óptimo desarrollo- Comentó más que
molesta la profesora McGonagall.
-¿Cómo se atreven a decir que Lily y James
Potter murieron en un accidente de auto? Por las barbas de Merlín. Harry Potter
de verdad llegó sin saber absolutamente nada de su mundo, de sus orígenes. Eso
es un escándalo.– Molly Weasley gruñó en
voz alta. De verdad se sentía molesta por la clase de personas que habían
criado a Harry y ella sin realmente saber lo mal que la pasaba.
Miró
a los Dursley con dureza para después ignorarlos y poner atención a la lectura.
Tío Vernon entró a la cocina cuando Harry
estaba dando la vuelta al tocino.
—¡Péinate! —bramó como saludo matinal.
Una vez por semana, tío Vernon miraba por
encima de su periódico y gritaba que Harry necesitaba un corte de pelo. A Harry
le habían cortado más veces el pelo
que al resto de los niños de su clase todos juntos, pero no servía para nada,
pues su pelo seguía creciendo de aquella manera, por todos lados.
Lupin
comenzó a reír sin poder evitarlo ocasionando que la mayoría de los presentes
en el gran comedor voltearan a verlo con expresión de no entender nada. –Yo lo siento mucho, solo que es imposible.
Es una extraña herencia entre los varones Potter. Tener el cabello alborotado
que no importa lo que se haga, este será irremediablemente rebelde. Así que no
te preocupes Harry. Ya no luches contra el destino, mejor acéptalo.-
Harry
también rio y asintió con la cabeza. A estas alturas ya lo sabía. Su cabello no
tenía remedio.
-Pues yo opinó que Harry se ve muy guapo
con el cabello así. Le da un toque de chico rebelde- Comentó Luna con su ya muy conocido tono
soñador haciendo que Harry se sonrojara levemente y le sonriera acción que puso
extremadamente celosas a dos chicas, una Gryffindor y una Ravenclaw.
Harry estaba friendo los huevos cuando
Dudley llegó a la cocina con su madre. Dudley se parecía mucho a tío Vernon.
Tenía una cara grande y rosada, poco cuello, ojos pequeños de un tono azul
acuoso, y abundante pelo rubio que cubría su cabeza gorda. Tía Petunia decía a
menudo que Dudley parecía un angelito. Harry decía a menudo que Dudley parecía
un cerdo con peluca.
Todos en el gran comedor sin excepción
(así es, incluso Draco y Sanpe xD aunque estos muy disimuladamente) comenzaron
a reír ante la descripción del primo de Harry.
-Amigo, eres muy bueno describiendo a las
personas jajajajajaja, tu primo un cerdo con peluca hay no jajajajajaja no
puedo con eso- George comentó entre
risas y sin poder evitarlo comenzó a reír nuevamente a pierna suelta hasta
lograr caerse de su lugar, pero nadie le prestaba atención. Todo el gran
comedor estallo en risas nuevamente.
-Harry esa es una descripción muy ofensiva,
pero como esos muggles se lo merecen no diré nada- Le dijo Hermione que reía, pero con más
recato que el resto.
Los
tíos de Harry lo miraron con odio mientras tanto su primo se sonrojo hasta las
orejas. Se sentía avergonzado, pero no era capaz de enojarse con su primo, en
lo poco que llevaban de lectura se daba cuenta que sus padres y él habían hecho
miserable la vida de su primo desde un inicio y sin tener culpa de nada. Realmente
se estaba arrepintiendo de todo lo que le había hecho y esperaba poder arreglar
las cosas entre ellos.
Cuando
todos dejaron de reír y los que habían caído de su asiento estaba nuevamente
sentados Flora siguió con la lectura sin dejar de sonreír, después de todo las
hadas también habían reído de esa descripción a pesar de conocerla muy bien.
Harry puso sobre la mesa los platos con
huevos y beicon, lo que era difícil porque había poco espacio. Entretanto,
Dudley contaba sus regalos. Su cara se ensombreció.
—Treinta y seis —dijo, mirando a su madre
y a su padre—. Dos menos que el año pasado.
—Querido, no has contado el regalo de tía
Marge. Mira, está debajo de este grande de mamá y papá.
—Muy bien, treinta y siete entonces —dijo
Dudley, poniéndose rojo.
Harry; que podía ver venir un gran
berrinche de Dudley, comenzó a comerse el beicon lo más rápido posible, por si
volcaba la mesa.
Tía Petunia también sintió el peligro,
porque dijo rápidamente:
—Y vamos a comprarte dos regalos más
cuando salgamos hoy. ¿Qué te parece, pichoncito? Dos regalos más. ¿Está todo
bien?
-No es posible. Ese asqueroso muggle
recibe más regalos incluso que yo y el muy cretino todavía se queja.- Comentó Malfoy. Harry no pudo evitar hacer
una mueca después de todo estaba de acuerdo con Malfoy por primera vez en su
vida.
Dudley pensó durante un momento. Parecía
un trabajo difícil para él. Por último, dijo lentamente.
—Entonces tendré treinta y… treinta y…
—Treinta y nueve, dulzura —dijo tía
Petunia.
—Oh —Dudley se dejó caer pesadamente en su
silla y cogió el regalo más cercano—. Entonces está bien.
-Pero no es posible que este niño ni
siquiera sepa contar y su madre no lo alienta a pensar.- Comentó la señora Weasley que para ese
momento no hablaba apropiadamente como era su costumbre del coraje que sentía.
-Odio admitirlo, pero Malfoy tienen razón.
Es un cretino niño consentido ¿treinta y nueve regalos? Y lo peor de todo es
que los regalos que he visto que te mandan son un porquería que van directo a
la basura. De verdad tengo ganas de golpear a tu primo- Le dijo Ron en voz baja.
-No importa, no necesito regalos de ellos,
aunque tienes razón, mi primo es todo un cretino consentido y seguirá así
mientras mis tíos no cambien- Harry
contestó quitado de la pena a sus amigos ignorando la mirada de sus tíos
mientras la lectura seguía.
Por
su parte los Potter cada vez estaban más enojados, tristes y apuntó de ignorar
la advertencia de las hadas y acercarse a su hijo para hacerle saber que a
partir de ahora seria amado y un poco con sentido por parte de ellos, porque no
se irían a ningún lado nunca más no por lo menos durante mucho, mucho tiempo.
Tío Vernon rió entre dientes.
—El pequeño tunante quiere que le den lo
que vale, igual que su padre. ¡Bravo, Dudley! —dijo, y revolvió el pelo de su
hijo.
-Pero ¿qué diablos?- Gritaron todos los adultos (la Orden y
algunos profesores)
-¿Cómo puede consentirle de ese modo? Y le
aplaude sus caprichos. Realmente no comprendo cómo es que Harry es tan buen
chico- Comentó Tonks desde su lugar
después de golpear la mesa con su puño.
Harry
se sorprendió un poco. Él conocía realmente muy poco a Tonks, le tomó por
sorpresa qué se molestará tanto pero sólo agradeció por lo que cuando volteó a
verlo le regalo una gran sonrisa, aunque se sentía un poco avergonzado, era
extraño para él recibir tantas muestras de apoyo por personas adultas.
Vernon más que molesto se levantó y miró a Tonks con furia. -No voy a permitir que personas como ustedes
nos digan que o no hacer con nuestro hijo así que dejen de meterse en nuestras
vidas, se supone que la lectura es sobre el anormal de mi sobrino y no sobre
nuestra vida.-
Los
más cercanos a Harry reaccionaron de inmediato levantándose y olvidando por un
momento que los Dursley eran protegidos comenzaron a lanzar hechizo tras
hechizo contra los familiares de Harry. Estaban hartos de oír los decir que era
un anormal.
Los
Potter por su parte tuvieron que hacer un gran esfuerzo por no levantarse y
también lanzar hechizos contra los Dursley, después de todo ya habían levantado
sospechas en su hijo.
Las
hadas y el profesor Dumbledore llamaron al orden y cuando todos lograron
calmarse Flora siguió con la lectura, aunque la gran mayoría seguían mirando
ocasionalmente con mucho coraje a los familiares de Harry.
En aquel momento sonó el teléfono y tía
Petunia fue a cogerlo, mientras Harry y tío Vernon miraban a Dudley, que estaba
desembalando la bicicleta de carreras, la filmadora, el avión con control
remoto, dieciséis juegos nuevos para el ordenador y un vídeo. Estaba rompiendo
el envoltorio de un reloj de oro, cuando tía Petunia volvió, enfadada y
preocupada a la vez.
—Malas noticias, Vernon —dijo—. La señora
Figg se ha fracturado una pierna. No puede cuidarlo. —Volvió la cabeza en
dirección a Harry.
La boca de Dudley se abrió con horror,
pero el corazón de Harry dio un salto. Cada año, el día del cumpleaños de
Dudley, sus padres lo llevaban con un amigo a pasar el día a un parque de
atracciones, a comer hamburguesas o al cine. Cada año, Harry se quedaba con la
señora Figg, una anciana loca que vivía a dos manzanas. Harry no podía soportar
ir allí. Toda la casa olía a repollo y la señora Figg le hacía mirar las fotos
de todos los gatos que había tenido.
-No es posible, ni siquiera te llevaban
con ellos ¿Les daba vergüenza o qué?- Les
preguntó Lupin directamente a los Dursley que lo miraron con odio y molestia,
pero por miedo a ser hechizados se quedaron callados. Además de que no se
sentían obligados a responder por lo que habían hecho con el mocoso. Que
agradecieran que no lo habían mandado aún orfanato.
-Harry, sabíamos que esos muggles te
trataban mal pero no creíamos que a tal grado. Lamento mucho no haber hecho más
por ti.- Se disculpó el señor Weasley un
poco avergonzado.
-No tiene de que lamentarse señor Weasley,
ustedes siempre fueron amables conmigo, me aceptaron en su casa, me
alimentaron, velaron por mi seguridad y fueron la familia que no había tenido
hasta ahora. Yo les debo tanto- Al
terminar se sonrojó por completo. No estaba acostumbrado a expresar sus
sentimientos en voz alta.
Los
señores Weasley le sonrieron y negaron con la cabeza restándole importancia y
la lectura siguió.
Lily
y James suspiraron un tanto deprimidos por saber que su hijo había encontrado una
familia con otras personas, lo agradecían después de todo no había estado
completamente solo pero no podían evitar sentir un poco de celos ¿y su hijo no
los quería como quería a los Weasley? Cuando pudieran revelar su verdadera
identidad harían hasta lo imposible para ganarse el amor de su hijo.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó tía
Petunia, mirando con ira a Harry como si él lo hubiera planeado todo. Harry
sabía que debería sentir pena por la pierna de la señora Figg, pero no era
fácil cuando recordaba que pasaría un año antes de tener que ver otra vez a
Tibbles, Snowy, el Señor Paws o Tufty.
-¿Qué tienes en contra de los gatos
Harry?- Le preguntó Hermione un poco
molesta. Harry no se sorprendió al recordar como su amiga amaba a su pequeño
gato de cara aplastada color canela.
-Nada Hermione, solo que es horrible ver
cada año desde que tengo razón fotografías de todos los gatos que tenía y que
su casa oliera todo el tiempo a gato y a humedad. Créeme, tú también
terminarías harta.-
—Podemos llamar a Marge —sugirió tío
Vernon.
—No seas tonto, Vernon, ella no aguanta al
chico.
Los Dursley hablaban a menudo sobre Harry
de aquella manera, como si no estuviera allí, o más bien como si pensaran que
era tan tonto que no podía entenderlos, algo así como un gusano.
-¿Esa tía es?- Ron no terminó la pregunta, pero tanto Harry
como Hermione entendieron a lo que se refería por lo que Harry asintió con la
cabeza ocasionando que sus amigos soltarán una pequeña carcajada.
El
resto de los Weasley y amigos de Harry los miraron curiosos y un poco
sorprendidos de que con pocas palabras entendieran perfectamente lo que el otro
quería decir; quisieron preguntar que les había causado tanta gracia ya que lo
que habían leído era muy desagradable, pero Flora había seguido con la lectura.
—¿Y qué me dices de... tu amiga... cómo se
llama... Yvonne?
—Está de vacaciones en Mallorca —respondió
enfadada tía Petunia.
—Podéis dejarme aquí —sugirió esperanzado
Harry. Podría ver lo que quisiera en la televisión, para variar, y tal vez
incluso hasta jugaría con el ordenador de Dudley
Tía Petunia lo miró como si se hubiera
tragado un limón.
—¿Y volver y encontrar la casa en ruinas?
—rezongó.
—No voy a quemar la casa —dijo Harry, pero
no le escucharon.
—Supongo que podemos llevarlo al zoológico
—dijo en voz baja tía Petunia—... y dejarlo en el coche...
—El coche es nuevo, no se quedará allí
solo...
-Hay, por Merlín. De verdad que no tienen
cerebro. NI QUE FUERAS UNA PLAGA- Comentó
(gritó) Hermione molesta mientras miraba el libro con odio ignorando por
completo la furiosa mirada de los tíos de Harry.
-Para ellos si lo soy Hermione, soy una
asquerosa plaga que no debería existir- Se
encogió de hombros restándole importancia. Después de todo ya estaba
acostumbrado.
Todos
en el gran comedor gruñeron y lanzaron improperios en contra de los Dursley. Vernon
más que molesto quiso responder a los insultos, pero Petunia un poco más
prudente lo agarró del brazo para que se callara y se quedara sentado. Si
querían salir con vida de ese lugar tenía una aguantar lo que les dijeran por
más molesto que fuera, después de todo eran demasiados y ellos no podían hacer
nada.
Dudley comenzó a llorar a gritos. En
realidad no lloraba, hacía años que no lloraba de verdad, pero sabía que, si
retorcía la cara y gritaba, su madre le daría cualquier cosa que quisiera.
-Pero que vergüenza, fingir llorar para
obtener lo que quiere. Eso es tan cobarde. Y se supone que su padre no quería
tener una niñita por hijo- comentó Dean,
un amigo de Gryffindor de Harry, el resto de los leones le dieron la razón, después
de todo Gryffindor era una casa de valientes.
El
comentario afectó más de lo que esperaba a Dudley, la lectura le estaba
abriendo los ojos y le estaba demostrando que él y sus padres habían sido muy
malos con su primo y en definitiva como había dicho el amigo de Harry él había
actuado muy cobardemente la mayor parte de su vida. Definitivamente era algo
que quería cambiar.
—Mi pequeñito Dudley no llores, mamá no
dejará que él te estropee tu día especial —exclamó, abrazándolo.
—¡Yo... no... Quiero... que... él venga! —Exclamó
Dudley entre fingidos sollozos—.
¡Siempre lo estropea todo! —Le hizo una mueca burlona a Harry, desde los brazos
de su madre.
-Pero que cobarde. ¿Ponerse a llorar solo
por algo así?- Comentó más que molesto
Neville. Después de todo desde que se había vuelto íntimo amigo de Harry su
autoestima y confianza en sí mismo habían aumentado considerablemente y ya no
era tan cobarde como antes.
-Tienes razón Neville, tenía años que en
verdad no lloraba, pero mis tíos son tan ciegos con él que le creen todas sus
cosas por más ridículas que sean-
-Tienes razón primo, siempre me he creído
muy valiente y en realidad he sido muy cobarde… lo siento- Harry miró a su primo como si le hubiera
salido una segunda cabeza, realmente era muy extraño que se disculpara y
aceptara que había sido ni cobarde, pero supuso que la lectura de los libros lo
estaba demostrando realmente como había sido su actitud por lo que le sonrió
levemente he hizo un gesto con la mano quitándole importancia. Después de todo
él no era bueno guardando rencores y se veía que su primo se estaba disculpando
sinceramente.
Los
tíos de Harry también vieron a su hijo como como si le hubiera salido una
segunda cabeza, no estaban de acuerdo con que se disculpara, no había hecho
nada malo, por lo que dirigieron su mirada a Harry y lo miraron con furia
contenida. Realmente esperaban que su hijo no terminar juntándose con los
anormales que había en ese lugar, no sabrían si podrían soportar la vergüenza.
Justo entonces, sonó el timbre de la
puerta.
— ¡Oh, Dios, ya están aquí! —dijo tía
Petunia en tono desesperado y, un momento más tarde, el mejor amigo de Dudley,
Piers Polkiss, entró con su madre. Piers era un chico flacucho con cara de
rata.
-Camarada, cada vez me sorprende tu forma
de describir a las personas- Comentó Ron
y comenzó a reír junto con el resto del gran comedor.
-Solo digo lo que veo, y es verdad. Piers
tiene cara de rata y era un brabucón igual que el idiota de mi primo. Con esos
idiotas tenía que jugar el juego de “Atrapen a Harry y úsenlo como saco de
boxeo”- al darse cuenta de que había
insultado a su primo lo miró y se disculpó. Ahora fue turno de Dudley de hacer
un gesto con la mano restándole importancia, después de todo Harry tenía razón
él había jugado con sus “amigos” ese estúpido juego.
-¿Te golpeaban Harry? ¿Y tus tíos le
permitían?- Preguntó Lupin con voz
gélida y mirando a los Dursley con algo muy parecido al odio, y por primera vez
Harry fue capaz de ver al hombre lobo que existía dentro de su ex profesor de
Defensa Contra las Artes Oscuras.
-Claro profesor. Creo que hasta lo
alentaban a hacerlo más fuerte. Yo no era bien recibido en esa casa, no era más
que un elfo domestico- Harry habló
con resignación logrando que con ello sus amigos y familia se molestaran aún
más. No podían creer que Harry lo tomara como si no fuera nada. Él había
sufrido un grave abuso infantil que ya lo veía hasta normal.
-Hay Harry cariño, si tan solo hubiera
sabido hasta qué grado eras maltratado en esa casa créeme que hace muchos años
tuviera sacado de ahí así Dumbledore se hubiera opuesto, perdóname, Harry-
-No tiene por qué disculparse señora Weasley,
no es su culpa además quiero suponer que este verano ya no volveré con ellos, aunque
sería un gran cambio ya que por lo que veo mi primo está cambiando mucho y eso
me alegra- Harry le sonrió a su primo y
éste le devolvió la sonrisa un poco tímido.
Era el que, habitualmente, sujetaba los
brazos de los chicos detrás de la espalda mientras Dudley les pegaba. Dudley
suspendió su fingido llanto de inmediato.
Media hora más tarde, Harry, que no podía
creer en su suerte, estaba sentado en la parte de atrás del coche de los
Dursley, junto con Piers y Dudley, camino del zoológico por primera vez en su
vida. A sus tíos no se les había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir
tío Vernon se llevó aparte a Harry.
—Te lo advierto —dijo, acercando su rostro
grande y rojo al de Harry—. Te estoy avisando ahora, chico: cualquier cosa
rara, lo que sea, y te quedarás en la alacena hasta la Navidad.
—No voy a hacer nada —dijo Harry—. De
verdad...
Pero tío Vernon no le creía. Nadie lo
hacía.
-Que ni se le ocurra dejarte encerrado
hasta Navidad porque no van a alcanzar los crucios que pueda darle para
desquitar el coraje que tengo atorado- Gruño
Tonks más que molesta y obteniendo varias miradas recelosas.
Lupin
la miró con las cejas alzadas y una mirada interrogante, ella sólo se encogió
de hombros. -Sabes que no lo haría, pero
me molesta tanto su actitud hacia con Harry, están despreciable que me da mucho
coraje.
-Gracias Tonks por el apoyo, pero te
recuerdo que eso pasó hace ya varios años así que no te sulfures.-
-Pero Harry, les estoy haciendo una larga
lista de todas las fechorías que te han hecho. Ni creas que van a salir bien
librados. Además, te aseguro que no soy la única que le está guardando todas a
tus tíos- discretamente miro de reojo a
Padfoot lo que hizo suspirar a Harry, ella tenía razón si ella estaba molesta
no son imaginaba como lo estaría Sirius.
Harry
sabía que era una pérdida de tiempo tratar de hacerlos entrar en razón por lo
que pidió amablemente a Flora que siguiera la lectura.
El problema era que, a menudo, ocurrían
cosas extrañas cerca de Harry y no conseguía nada con decir a los Dursley que
él no las causaba.
-Magia accidental- dijeron varios en el gran comedor ocasionando
que Harry girara los ojos por la obviedad.
Lupin
miro a los Dursley con molestia y se concentró en Petunia. -Tú sabías que era magia accidental, después
de todo viste a Lily hacer magia de ese tipo, espero que no lo hayas castigado
por ello si no te juro que te arrepentirás-
Por
primera vez después de mucho tiempo Dolores Umbridge se levantó y miró a Lupin
con una mezcla entre miedo y asco. -Así que amenazando a los muggles ¿no? siga
así y pasará una gran temporada en Azkaban.-
Padfoot comenzó a ladrarle y gruñirle y ésta se alejó con miedo y
amenazándolo con su varita, Harry asustado y desesperado con su padrino se
acercó y agarrándolo del cuello lo jaló hasta regresarlo a su lugar se inclinó
y le susurró a su oreja. -Cálmate o
cuando sepan quién eres estarás metido en muchos problemas y no quiero que me
aleje otra vez de ti- el perro gimió
bajito y se ha hecho a sus pies.
Tonks más que molesta por la amenaza hacia Lupin se levantó y encaró a
Umbridge. -No lo vuelva a amenazar, ¿que
no está escuchando que sólo está defendiendo a Harry? o es que usted está de
acuerdo en la forma que hasta ahora hemos escuchado que lo tratan? Si es así
creo que es otra persona la que debería terminar ahí, en Azkaban.-
Umbridge más que ofendida miro con furia a Tonks. -No voy a permitir que una simple auror me
hable de ese modo, discúlpese o será castigada y removida de su puesto-
-No me pienso disculpar y usted no es
nadie para decidir qué pasa conmigo, además no creo que quiera que llegue a
oídos del Wizengamot…-
-Es suficiente- Dijo en voz alta Dumbledore, el ministro
también se había puesto en pie y había agarrado de la muñeca a Umbridge y
detenido el hechizo que se veía que tenía ganas de lanzar sobre Tonks o
cualquier otro que la desafiara.
-El profesor Dumbledore tiene razón, es
suficiente, señora Umbridge-
-Soy la subsecretaria del ministro,
háblame con respeto “hada” igualada-
Stella harta con la actitud de Umbridge chasqueo los dedos y la
desapareció del gran comedor.
-A donde se han llevado a Dolores?- Preguntó medianamente preocupado el ministro.
-No se preocupe ministro, no le hemos
hecho nada malo, simplemente la mandamos a un aula vacía y desde ese lugar
escuchara la lectura, pero simplemente su actitud deja mucho que desear y
espero que cuando se vea lo mal que la ha hecho en Hogwarts y que sencillamente
es una mala persona no trate de defenderla de la justicia.-
El ministro se sorprendió por lo dicho, pero asintió, si quería
recuperar el respeto de su comunidad debía escuchar todo y castigar a las
personas que han obrado mal.
-Bien, ya que todo está más tranquilo
podemos seguir con la lectura-
Dumbledore se sentó al igual que Tonks, Lupin y el ministro pudiendo así
Flora seguir con la lectura.
En una ocasión, tía Petunia, cansada de
que Harry volviera de la peluquería como si no hubiera ido, cogió unas tijeras
de la cocina y le cortó el pelo casi al rape, exceptuando el flequillo, que le dejó
«para ocultar la horrible cicatriz». Dudley se rio como un tonto, burlándose de
Harry, que pasó la noche sin dormir imaginando lo que pasaría en el colegio al
día siguiente, donde ya se reían de su ropa holgada y sus gafas remendadas. Sin
embargo, a la mañana siguiente, descubrió al levantarse que su pelo estaba
exactamente igual que antes de que su tía lo cortara. Como castigo, lo
encerraron en la alacena durante una semana, aunque intentó decirles que no
podía explicar cómo le había crecido tan deprisa el pelo.
-¿Cómo te atreves Petunia? te lo repito, tú
sabías que en algún momento Harry comenzaría a mostrar su magia después de todo
lo mismo pasó con tu hermana ¿de verdad no tienes corazón, conciencia,
remordimiento?-
Petunia
solo miro con odio a Lupin y no dijo nada. Había tomado la decisión de no ser
partícipe de la lectura. Podrían tenerla ahí obligada pero no diría ni
comentaría nada después de todo el mocoso había sido su responsabilidad y esos
anormales no tenían derecho a juzgarlos a ella o su familia.
Vernon
estaba de acuerdo con ella por lo que no importaba que se mantendrían en
silencio. No les darían el gusto. Dudley por su parte estaba tomando conciencia
de muchas cosas.
Otra vez, tía Petunia había tratado de
meterlo dentro de un repugnante jersey viejo de Dudley (marrón, con manchas
anaranjadas). Cuanto más intentaba pasárselo por la cabeza, más pequeña se
volvía la prenda, hasta que finalmente le habría sentado como un guante a una
muñeca, pero no a Harry. Tía Petunia creyó que debía de haberse encogido al
lavarlo y, para su gran alivio, Harry no fue castigado.
-Vaya, que suerte que tu tía tenga la
inteligencia de un cacahuate- Comentó
Hermione más que molesta y varios gruñidos acompañaron sus palabras.
Petunia la fulminó con la mirada, pero no dijo nada fiel a su palabra.
Vernon quiso decir algo, pero negó con la cabeza. No tenía caso.
Por otra parte, había tenido un problema
terrible cuando lo encontraron en el techo de la cocina del colegio. El grupo
de Dudley lo perseguía como de costumbre cuando, tanto para sorpresa de Harry
como de los demás, se encontró sentado en la chimenea. Los Dursley recibieron
una carta amenazadora de la directora del colegio, diciéndoles que Harry andaba
trepando por los techos del colegio. Pero lo único que trataba de hacer (como
le gritó a tío Vernon a través de la puerta cerrada de la alacena) fue saltar los
grandes cubos que estaban detrás de la puerta de la cocina. Harry suponía que
el viento lo había levantado en medio de su salto.
-Vaya Harry, esa es magia accidental muy
poderosa. ¿Realmente volaste o te apareciste?-
Lupin estaba muy sorprendido igual que el resto.
-No lo sé, ya no recuerdo muy bien como
pasó- No quiso entrar en detalles
(presentía que se había aparecido), de por sí ya lo veían con mayor curiosidad
de la normal. No necesitaba más atención.
Pero aquel día nada iba a salir mal.
Incluso estaba bien pasar el día con Dudley y Piers si eso significaba no tener
que estar en el colegio, en su alacena, o en el salón de la señora Figg, con su
olor a repollo.
-Pobre de ti Harry- Dijeron al mismo tiempo Ginny, Luna y Cho
haciendo que se sonrojara un poco avergonzado. No estaba acostumbrado a la
atención de las chicas. Hermione no contaba.
Las
tres chicas se vieron, dos de ellas retadoramente y la tercera con una genuina
sonrisa en los labios.
Mientras conducía, tío Vernon se quejaba a
tía Petunia. Le gustaba quejarse de muchas cosas. Harry, el ayuntamiento,
Harry, el banco y Harry eran algunos de sus temas favoritos. Aquella mañana le
tocó a los motoristas.
—... haciendo ruido como locos esos
gamberros —dijo, mientras una moto los adelantaba.
—Tuve un sueño sobre una moto —dijo Harry
recordando de pronto—. Estaba volando.
Tío Vernon casi chocó con el coche que iba
delante del suyo. Se dio la vuelta en el asiento y gritó a Harry:
—¡LAS MOTOS NO VUELAN!
-Normalmente las motos no vuelan, pero yo
conozco una que lo hace o lo hacía- Dijo
Lupin mirando divertido a su amigo convertido en perro, Padfoot por su parte a
la mención de su moto movió la cola de lado a lado feliz.
Su rostro era como una gigantesca
remolacha con bigotes.
Después
de leer el pequeño renglón el gran comedor estalló en carcajadas.
-Volvemos a las descripciones graciosas
Harry- Comentó Tonks entre risas a lo
que Harry solo atinó a sonrojarse nuevamente. De verdad quien haya escrito esos
libros sabía lo que pensaba ¿o de verdad habría sido él? No lo tenía muy claro
aún.
Dudley y Piers se rieron disimuladamente.
—Ya sé que no lo hacen —dijo Harry—. Fue
sólo un sueño.
Pero deseó no haber dicho nada. Si había
algo que desagradaba a los Dursley aún más que las preguntas que Harry hacía,
era que hablara de cualquier cosa que se comportara de forma indebida, no
importa que fuera un sueño o un dibujo animado. Parecían pensar que podía
llegar a tener ideas peligrosas.
-Que horrible vivir sin un poco de
imaginación. Sin ella el mundo sería muy aburrido- Comentó Luna con el entrecejo levemente
fruncido. Era como si esos pensamientos de Tío Vernon fueran un gran pecado.
Un
compañero de Luna se rio con burla y la miró con desprecio. -Claro Lunática, tu mundo ha de ser realmente
fantástico ¿no? ya que valga la redundancia tú vives en la luna y tienes una
imaginación que te crees todas las absurdas ideas del tonto de tu padre.-
Luna
lo miró como quien ve un poco de suciedad en su zapato y no dijo nada sin
embargo Harry experimentó una rabia poco normal en él. De verdad ese chico se
había pasado con lo dicho por lo que se puso de pie y lo apunto con su varita
antes de que los profesores pudieran reprenderlo.
-No te atrevas a burlarte de ella y no
insultes a su padre. Ella no ha dicho nada malo ni tonto o desagradable. Seguro
tu vives en un mundo poquita cosa y te molesta que los demás vivan su vida- Harry no se había dado cuenta de que caminó
hasta la mesa de Ravenclaw y tenía su varita a milímetros de la cara del idiota
que se había atrevido a burlarse de Luna.
El
chico solo veía a Harry con un poco de temor y no fue hasta que Ron y Hermione
lo tomaron del hombro y lo alejaron que se dio cuenta de lo que había hecho.
-Yo… amm lo siento. No sé qué me pasó.- Miró fijamente al piso, se sentía como un
idiota. Ni siquiera él entendía porque había actuado de ese modo.
Luna
se levantó de su lugar y tomo entre sus manos una mano de Harry y le sonrió con
ternura y amabilidad. –Gracias por
defenderme Harry, eres muy lindo.- Se
acercó a su rostro y besó su mejilla. –Pero
no te preocupes, estoy acostumbrada a que mis compañeros no me entiendan. Pero es
lindo que alguien me defienda.- Soltó su
mano y regresó a su lugar.
Harry
aun avergonzado se sentó en su lugar junto a sus amigos sin decir nada y el
director se levantó cual largo era y miró con decepción a su alumno de
Ravenclaw. –No puedo creer que entre
compañeros se traten así. 50 puntos menos para Ravenclaw ya que el comentario
del señor Corner estuvo fuera de lugar y esa no es la forma de tratar a la
familia y les recuerdo que sus casas son como su familia. También sé que el
reloj de puntos está pausado por el momento, pero cuando terminemos esto esos
50 puntos serán restados-
La
lectura siguió, pero tres alumnos se vieron un tanto asustados. Al parecer los
cambios en sus vidas comenzaban. Al parecer Harry terminaría junto a Luna y no
junto a Ginny y por primera vez se preguntaron si hicieron lo correcto al
regresar al pasado para cambiar las cosas.
Era un sábado muy soleado y el zoológico
estaba repleto de familias. Los Dursley compraron a Dudley y a Piers unos
grandes helados de chocolate en la entrada, y luego, como la sonriente señora
del puesto preguntó a Harry qué quería antes de que pudieran alejarse, le
compraron un polo de limón, que era más barato. Aquello tampoco estaba mal,
pensó Harry, chupándolo mientras observaban a un gorila que se rascaba la
cabeza y se parecía notablemente a Dudley, salvo que no era rubio.
-De verdad que esos Dursley buscan que se
les torture hasta la inconciencia. Es que no me cabe en la cabeza que sean tan
crueles con un niño. Y lo peor es que Harry se toma como cosas buenas esas
absurdas situaciones.- Dijo entre
dientes Lupin más que molesto mientras tanto Padfoot gruñía en dirección de los
Dursley desde los pies de Harry.
Fue la mejor mañana que Harry había pasado
en mucho tiempo. Tuvo cuidado de andar un poco alejado de los Dursley, para que
Dudley y Piers, que comenzaban a aburrirse de los animales cuando se acercaba
la hora de comer, no empezaran a practicar su deporte favorito, que era pegarle
a él.
Ron y los gemelos miraron con furia a los Dursley mientras Padfoot
gruñía sin control.
Harry palmeo su cabeza para calmarlo, sabía que eso los molestaba, pero
para él eran cosas sin importancia, después de todo de eso ya varios años. No
quería decir que ya no le molestaran sus familiares muggles o los hubiera
perdonado (su primo era algo que quizás podría pasar por alto, después de todo
no era completamente su culpa) pero esas cosas del pasado ya no le
importaban.
Comieron en el restaurante del zoológico,
y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su bocadillo no era lo suficientemente
grande, tío Vernon le compró otro y Harry tuvo permiso para terminar el
primero.
-¿Que qué? ¿Al señor Potter lo alimentan
con las sobras de ese niño? Esto es increíble, Albus, por tú bien espero que no
hayas estado al tanto de tanta crueldad porque si es así no se de lo que soy
capaz- Por primera vez Harry vio a la
profesora McGonagall tan furiosa por motivos que no fuera su indisciplina.
Parecía que la profesora le tenía afecto y él sintió una ola de cariño hacia su
profesora favorita. A pesar de ser una mujer estricta era muy amable y de buen
corazón.
-Mi quería Minerva, te aseguro que no
sabía nada de lo que se está relatando en el libro y lo cual me deja un mal
sabor de boca. Lo bueno es que con esta lectura de libros Harry tendrá con él a
Sirius ya que es su guardián legal.-
Padfoot comenzó a mover la cola demostrando así su emoción a las
palabras del director Dumbledore y Harry sin poder evitarlo sonrió ampliamente
hacia sus amigos los cuales le regresaron la sonrisa felices por él.
Por otro lado, el resto de los alumnos y personas que desconocían la
realidad sobre los Merodeadores se sorprendieron y vieron nuevamente al
director como si no le llegara el agua al tinaco, pero nadie dijo nada por lo
que la lectura siguió sin más.
Más tarde, Harry pensó que debía haber
sabido que aquello era demasiado bueno para durar.
Después de comer fueron a ver los
reptiles. Estaba oscuro y hacía frío, y había vidrieras iluminadas a lo largo
de las paredes. Detrás de los vidrios, toda clase de serpientes y lagartos se
arrastraban y se deslizaban por las piedras y los troncos. Dudley y Piers
querían ver las gigantescas cobras venenosas y las gruesas pitones que
estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande.
Podía haber envuelto el coche de tío Vernon y haberlo aplastado como si fuera
una lata, pero en aquel momento no parecía tener ganas. En realidad, estaba
profundamente dormida.
Dudley permaneció con la nariz apretada
contra el vidrio, contemplando el brillo de su piel.
—Haz que se mueva —le exigió a su padre.
Tío Vernon golpeó el vidrio, pero la
serpiente no se movió.
—Hazlo de nuevo —ordenó Dudley.
Tío Vernon golpeó con los nudillos, pero
el animal siguió dormitando.
—Esto es aburrido —se quejó Dudley. Se
alejó arrastrando los pies.
Harry se movió frente al vidrio y miró
intensamente a la serpiente. Si él hubiera estado allí dentro, sin duda se
habría muerto de aburrimiento, sin ninguna compañía, salvo la de gente estúpida
golpeando el vidrio y molestando todo el día. Era peor que tener por dormitorio
una alacena donde la única visitante era tía Petunia, llamando a la puerta para
despertarlo: al menos, él podía recorrer el resto de la casa.
-Hay Harry, no puedo creer que eso te
consuele- Dijo Hermione un tanto triste.
No podía creer lo mal que lo pasaba su amigo con esos muggles. Ron y ella
sabían más o menos como era la vida de su amigo con su “familia” pero lo que
les contaba Harry se quedaba corto a lo que realmente pasaba.
De pronto, la serpiente abrió sus ojillos,
pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza
hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de Harry.
Guiñó un ojo.
-¿Qué?-
Fue la pregunta dicha por casi todos los presente. Quizás habían
escuchado mal.
Harry la miró fijamente. Luego echó
rápidamente un vistazo a su alrededor, para ver si alguien lo observaba. Nadie
le prestaba atención. Miró de nuevo a la serpiente y también le guiñó un ojo.
-¿Qué?-
Nuevamente varios preguntaron sin poder creerlo y miraron a Harry de
forma extraña. Al parecer la mayoría había olvidado que él podía hablar parsel,
la lengua de las serpientes.
La serpiente torció la cabeza hacia tío
Vernon y Dudley, y luego levantó los ojos hacia el techo. Dirigió a Harry una
mirada que decía claramente:
—Me pasa esto constantemente.
—Lo sé —murmuró Harry a través del vidrio,
aunque no estaba seguro de que la serpiente pudiera oírlo—. Debe de ser
realmente molesto.
La serpiente asintió vigorosamente.
-¿Que qué? ¿Un Potter hablando parsel?- Tonks se sorprendió que su cabello cambio a
un azul cielo. Harry se encogió de
hombros y no dijo nada, después de todo aun no entendía del todo porque podía.
Era cierto que el director ya le había dicho que el día que Voldemort
trato de matarlo le había rebotado la maldición y con ello le había transferido
algunos de sus poderes, entre ellos el poder hablar parsel pero realmente no lo
entendía del todo. Esperaba que estos libros revelaran las cosas que el
director consideraba innecesarias contarle por no ser lo suficientemente mayor.
Ese pensamiento lo puso de mal humor, para el director era un niño para
saber la verdad tras la muerte de sus padres, pero si era lo suficientemente
mayor para proteger la piedra filosofal, enfrentar al heredero de Slytherin y
un basilisco, ayudar a un fugitivo de la ley y sobre todo ser el cuarto
participante del torneo de los tres magos.
Suspiró hondo, pero decidió seguir poniendo atención a la lectura.
—A propósito, ¿de dónde vienes? —preguntó
Harry
La serpiente levantó la cola hacia el
pequeño cartel que había cerca del vidrio. Harry miró con curiosidad.
«Boa Constrictor, Brasil.»
—¿Era bonito aquello?
La boa constrictor volvió a señalar con la
cola y Harry leyó: «Este espécimen fue criado en el zoológico».
—Oh, ya veo. ¿Entonces nunca has estado en
Brasil?
-¿Enserio Potter? Te das cuenta de que
puedes hablar con las serpientes ¿y lo primero que haces es preguntarle de
dónde viene? Eres poco interesante- Dijo
Malfoy, pero sin su particular tono de desprecio en la voz. Solo había un poco
de burla.
-¿Tú que le hubieras preguntado he Malfoy?
Ilústranos.-
-Pues no sé. No hay muchas opciones…- Respondió un poco avergonzado por no tener
una mejor respuesta y algunos rieron sin poder evitarlo y otros con el fin de
avergonzarlo.
Mientras la serpiente negaba con la
cabeza, un grito ensordecedor detrás de Harry los hizo saltar.
—¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY! ¡VENGAN A VER A
LA SERPIENTE! ¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!
Dudley se acercó contoneándose, lo más
rápido que pudo.
—Quita de en medio —dijo, golpeando a
Harry en las costillas. Cogido por sorpresa, Harry cayó al suelo de cemento. Lo
que sucedió a continuación fue tan rápido que nadie supo cómo había pasado:
Piers y Dudley estaban inclinados cerca del vidrio, y al instante siguiente
saltaron hacia atrás aullando de terror.
Harry se incorporó y se quedó
boquiabierto: el vidrio que cerraba el cubículo de la boa constrictor había
desaparecido.
-Magia accidental y por cierto muy
poderosa- Comentó Hermione asombrada.
-Lo sabemos Hermione por cierto Harry ¿le
echaste encima a tu primo y a su estúpido…-
Hubo un pequeño gruñido por parte de la señora Weasley ante la elección
de palabras de su hijo menor y este solo rodo los ojos y se corrigió. -¿le echaste encima a tu primo y su adorable
amigo una boa constrictor? Eso es fantástico.-
Todos los hermanos Weasley, Neville y Harry rieron mientras Hermione
negaba con la cabeza ocultando una sonrisa.
-Pudo ser peligroso Ron. No es
fantástico.-
-Hermione, no arruines el momento- Ron pidió y lo celebraron un poco más hasta
que Flora siguió con la lectura.
La descomunal serpiente se había
desenrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el suelo. Las
personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían hacia las
salidas.
Mientras la serpiente se deslizaba ante
él, Harry habría podido jurar que una voz baja y sibilante decía:
—Brasil, allá voy... Gracias, amigo.
-Una serpiente amable. Qué raro suena- Comentó Seamus un compañero de habitación de
Harry mientras veía a la mesa de Slytherin.
Una
pequeña de segundo de Slytherin se dio cuenta y frunció el entrecejo. –No todos los Slytherin somos unos idiotas
como Malfoy…
El
nombrado la fulminó con la mirada, pero prefirió callar ya que era una
compañera de su casa.
El encargado de los reptiles se encontraba
totalmente conmocionado.
—Pero... ¿y el vidrio? —repetía—. ¿Adónde
ha ido el vidrio?
El director del zoológico en persona
preparó una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia, mientras se disculpaba
una y otra vez. Piers y Dudley no dejaban de quejarse. Por lo que Harry había
visto, la serpiente no había hecho más que darles un golpe juguetón en los
pies, pero cuando volvieron al asiento trasero del coche de tío Vernon, Dudley
les contó que casi lo había mordido en la pierna, mientras Piers juraba que
había intentado estrangularlo.
-Pero que cobardes son y unos
aprovechados. Y así se creen los muy valientes. Inventándose una historia de
por si patética.-
-Tienes razón Hermione, por primera vez
opino igual que tú- Respondió Ron
molesto.
-Así son ellos, solo en montón se creen
muy valientes, pero estando solos o frente a los adultos se portan como unos
angelitos.-
-Demasiado cobardes diría yo- Gruñó George y varios gruñidos más lo
apoyaron de diferentes casas.
Pero lo peor, para Harry al menos, fue
cuando Piers se calmó y pudo decir:
—Harry le estaba hablando. ¿Verdad, Harry?
-NO.-
Dijeron los Weasley, Hermione y la orden. Sabían que eso le traería
problemas a Harry.
-Que chismoso- Dijeron varios Gryffindor y algunos alumnos
de otras casas.
-Lo siento- Dijo Dudley bajando la cabeza avergonzado.
Ahora era capaz de comprender en el problema que lo había metido su amigo.
-No es tu culpa, no fuiste tú quien lo
dijo- Contesto Harry un poco sacando de
onda. No estaba acostumbrado a que su primo se disculpara o fuera agradable.
Tío Vernon esperó hasta que Piers se hubo
marchado, antes de enfrentarse con Harry. Estaba tan enfadado que casi no podía
hablar.
—Ve... alacena... quédate... no hay comida
—pudo decir, antes de desplomarse en una silla. Tía Petunia tuvo que servirle
una copa de brandy.
-Como que no hay comida. Ahora entiendo
porque cada verano que te veía te veía tan flaco cariño. No se le debe negar la
comida a un niño en pleno crecimiento y en realidad a nadie se le niega la
comida. Es un hombre asqueroso.- Gritó
la señora Weasley furiosa. Su rostro estaba tan rojo como su cabello del
coraje.
-Tranquila señora Weasley, de verdad no
tiene importancia. Ahora todo ira mejor.-
Harry miró a sus pies y sonrió ampliamente.
-Esa no es la cuestión Harry, lo que hizo
ese… ese hombre no es más que una crueldad, ningún niño merece que le nieguen
la comida y menos por algo que no es su culpa.-
Harry asintió en comprensión, pero para él no era algo que fuera tan
grave, si era sincero su segundo año había sido peor y eso le preocupo, pero se
centró en la lectura para olvidarlo, aunque sea por un momento.
Mucho más tarde, Harry estaba acostado en
su alacena oscura, deseando tener un reloj. No sabía qué hora era y no podía
estar seguro de que los Dursley estuvieran dormidos. Hasta que lo estuvieran,
no podía arriesgarse a ir a la cocina a buscar algo de comer.
Al
escuchar eso último tanto Snape como el resto de los profesores y la orden
comprendieron de inmediato por qué Harry era tan recio a seguir normas y
reglas. Después de todo desde niño tuvo que incumplirlas para no morir por
inanición.
Había vivido con los Dursley casi diez
años, diez años desgraciados, hasta donde podía acordarse, desde que era un
niño pequeño y sus padres habían muerto en un accidente de coche.
Los adultos fruncieron el ceño y negaron más que molestos ante ese
pensamiento de Harry. Realmente había tenido una infancia desgraciada y varios
se culpaban de ello.
No podía recordar haber estado en el coche
cuando sus padres murieron. Algunas veces, cuando forzaba su memoria durante
las largas horas en su alacena, tenía una extraña visión, un relámpago cegador
de luz verde y un dolor como el de una quemadura en su frente.
Hubo suspiros de tristeza por
todo el comedor. Por su lado Lily y James se miraron y se tomaron de la mano.
Les entristecía que su pequeño bebé recordara ese tipo de cosas.
Era muy pequeño y aun así
recordaba el terrible color que producía el Avada Kedavra y el dolor que
producía aquella maldición. Su hijo no merecía aquello. No merecía nada de lo
que le había paso a lo largo de su infancia, pero a partir de ahora haría lo
que fuera para proteger a su hijo de las cosas horribles que podría depararle
el futuro. Incluso volver a morir para protegerlo si era necesario.
Aquello debía de ser el choque, suponía,
aunque no podía imaginar de dónde procedía la luz verde. Y no podía recordar
nada de sus padres. Sus tíos nunca hablaban de ellos y, por supuesto, tenía
prohibido hacer preguntas. Tampoco había fotos de ellos en la casa.
-¿Qué clase de familia es esa? ¿Ni
siquiera le dieron una foto de sus padres? Eso sí es demasiado. Digo, si no les
quieren tener entre sus fotografías está bien, pero ¿no darle ni una foto a su
hijo? Eso es demasiado cruel.- Charlie
Weasley comentó molesto y muchos asintieron.
Cuando era más pequeño, Harry soñaba una y
otra vez que algún pariente desconocido iba a buscarlo para llevárselo, pero
eso nunca sucedió: los Dursley eran su única familia. Pero a veces pensaba (tal
vez era más bien que lo deseaba) que había personas desconocidas que se
comportaban como si lo conocieran. Eran desconocidos muy extraños. Un
hombrecito con un sombrero violeta lo había saludado, cuando estaba de compras
con tía Petunia y Dudley Después de preguntarle con ira si conocía al hombre,
tía Petunia se los había llevado de la tienda, sin comprar nada. Una mujer
anciana con aspecto estrafalario, toda vestida de verde, también lo había
saludado alegremente en un autobús. Un hombre calvo, con un abrigo largo, color
púrpura, le había estrechado la mano en la calle y se había alejado sin decir
una palabra. Lo más raro de toda aquella gente era la forma en que parecían
desaparecer en el momento en que Harry trataba de acercarse.
-Esos magos irresponsables. ¿Cómo se
atreven a actuar así? Pudieron causar problemas- McGonagall negó con la cabeza ocasionando
varias risas entre los presentes.
En el colegio, Harry no tenía amigos.
Todos sabían que el grupo de Dudley odiaba a aquel extraño Harry Potter, con su
ropa vieja y holgada y sus gafas rotas, y a nadie le gustaba estar en contra de
la banda de Dudley.
Hermione tomo la mano de Harry en señal de apoyo, por su parte Ron
palmeo su espalda con fuerza. Ambos se entristecían de saber que su amigo había
estado completamente solo antes de llegar a Hogwarts.
Al
terminar la lectura Flora le paso el libro a Tecna y comenzó la lectura de
inmediato. Tenían varios libros por delante y cuanto antes terminaran mejor.
CONTINUARÁ
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